Sentir que tenemos todo
bajo control es una cuestión importante en la vida de todas las
personas, pero especialmente en el caso de los niños o de las
personas más vulnerables.
Si queremos tener la
percepción de que tenemos el control de nuestras vidas
tenemos que pensar que las cosas que ocurren son controlables. Lo
controlable se percibe como algo estable e interno, mientras que lo
incontrolable lo percibimos como inestable y externo, aunque en
ocasiones está bien dejar el control de las cosas a los demás y no
lo percibimos como algo inestable cuando nos basamos en la confianza.
La cuestión del
control está muy asociada a los hábitos y rutinas, porque
nos dan una sensación de seguridad y estabilidad que nos ayuda a
sentirnos bien. Los percibimos como una garantía de que todo
funciona correctamente.